¡Reclama tu mercado!

Los mercados se mueren. Campaña para que tu mercado sea público, local, justo y verde.

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La problemática

¿Qué pasaría si la red de mercados municipales del Estado español cayera de la noche a la mañana? Lamentablemente, no pasaría nada significativo más allá de la nostalgia por el pasado y un romanticismo pasajero. El sistema alimentario actual, basado en grandes cadenas de supermercados, no se derrumbaría ni por asomo. Y es una noticia nefasta si lo que se desea es un servicio público de alimentación local, justa y verde.

Los mercados municipales fueron creados como un servicio público destinado a garantizar el abastecimiento de alimentos a la población, en especial los alimentos frescos. El problema es que los mercados se mueren y nos los están quitando de las manos sin que nos demos cuenta. Las imposiciones de la alimentación global, la irrupción de los supermercados, la canibalización del espacio con la excusa de la remodelación, la privatización de un servicio público y la tendencia de transformar algunos mercados en museos y templos gourmet está modificando la verdadera esencia de los mercados.

Documental ‘¡Reclama tu mercado!’ de Justicia Alimentaria 

En el informe de Justicia Alimentaria hemos analizado en detalle el origen, evolución y situación actual de los mercados municipales, así como la orientación política reciente entorno a ellos. Para analizar esta evolución y sus consecuencias en la alimentación de la población, hemos elegido la ciudad de Barcelona porque creemos que ilustra bien las dinámicas que se han ido produciendo, pero los fundamentos son perfectamente aplicables al resto de las ciudades. 

¿Tiene sentido transferir una cantidad significativa de recursos públicos (monetarios o no) a los mercados municipales y, al mismo tiempo, privatizar su gestión? ¿Mejora esta nueva política las condiciones de vida de la población del barrio? ¿Su alimentación es mejor? ¿O, por el contrario, los beneficios se encuentran en otros lugares y en otros actores? ¿En qué se ha convertido hoy en día la red de mercados municipales? Y en definitiva, ¿cuál es entonces la función actual de los mercados municipales? Y sobre todo, ¿cuál debería ser?

Peticiones de Justicia Alimentaria

  1. Transformar la actual red de mercados municipales en infraestructuras conectadas a los sistemas alimentarios locales, que permitan el acceso a una alimentación saludable, ecológica, local y a unos precios asequibles. Hacemos un llamamiento a la ciudadanía para apoyar las iniciativas locales o para crearlas donde no existan. Analizar la situación en que se encuentra tu mercado de barrio, poner en marcha iniciativas de cambio de modelo o dar apoyo a las existentes es un elemento imprescindible para recuperar la función pública de estas infraestructuras alimentarias y vincularlas con los sistemas alimentarios locales.
  2. Recuperar el control público de los mercados municipales como requisito imprescindible para devolverlos a su función original: ofrecer alimentación saludable, asequible y de proximidad a la población.
  3. Impulsar la transformación de los mercados municipales para convertirlos en espacios que vayan más allá de la distribución y venta de alimentos, convirtiéndolos en centros de dinamización alimentaria de los barrios incorporando elementos como cocinas comunitarias, obradores cooperativos, centros de logística compartida, espacios de formación y educación alimentaria.
  4. Los nuevos mercados municipales deben formar parte de las estrategias de alimentación pública que los vinculen, también, a las redes de compra pública de los centros educativos, sociosanitarios o comedores sociales, entre otros. Permitir que se conecten con otros centros de distribución alimentaria vinculados a la economía social y solidaria que cumplan con los criterios de función pública y de acceso al derecho a una alimentación saludable de la población.
  5. Incorporar dentro de los objetivos de la Estrategia Nacional de Alimentación la reconversión del modelo actual de mercados municipales en centros de distribución alimentaria local, justa y sostenible, así como el desarrollo de las políticas, normativa y ayudas necesarias para facilitar esa transformación.
  6. El reconocimiento, dentro de la futura Ley de Agricultura Familiar, de los mercados campesinos, en sus diversas formas, como piezas fundamentales para conseguir una alimentación saludable, sostenible y justa.

Consulta el mapa de infraestructuras esenciales para la transformación del sistema alimentario.

Una nueva herramienta colaborativa de Justicia Alimentaria. 

mapa

Entornos alimentarios y su papel en la dieta

La gente intenta comprar los alimentos cerca de donde vive. La proximidad (entre 5 y 15 minutos a pie como máximo) es un factor que reiteradamente se destaca como uno de los más importantes. Así pues, los entornos alimentarios más próximos al lugar de residencia son los que más pueden influir en las elecciones de compra y, por tanto, de alimentación de la población. 

Aparece un patrón diferenciado de entorno alimentario asociado a esos factores socioeconómicos y al número de: establecimientos alimentarios, establecimientos alimentarios ecológicos y establecimientos alimentarios étnicos. El resultado son cuatro tipos de entornos alimentarios de proximidad:  

  1. Oferta alimentaria por habitante moderada. 
  2. Oferta de productos ecológicos elevada por habitante. 
  3. Oferta alimentaria por habitante diversa, con presencia de hipermercados con productos ecológicos. 
  4. Oferta alimentaria por habitante diversa, con predominio del comercio tradicional.

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Las conclusiones de este análisis constatan que el entorno alimentario de los distintos barrios y distritos de Barcelona varía en función de las características socioeconómicas de la población que la habita. En definitiva, ofrecer alimentación fresca, de proximidad y a un precio accesible parece ser clave para asegurar el derecho a la alimentación saludable, en especial en barrios populares, y el supermercadismo actual (totalmente privado) compromete este objetivo. Este hecho nos da pistas sobre la dirección que habría que tomar con las infraestructuras públicas de distribución y venta de alimentos. 

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Lechuga

La llegada del supermercadismo

Entre finales de los años sesenta y mediados de los noventa, la irrupción de los supermercados reconfiguró los hábitos y los lugares de compra de alimentos. Los principales perjudicados fueron los denominados a partir de entonces canales tradicionales —básicamente tiendas de barrio— y el gran ganador, el formato autoservicio, en manos de cada vez menos empresas. Con el paso del tiempo, el resultado de este cambio es que cada vez menos gente compra en los mercados municipales tradicionales y, cuando lo hace, o bien la compra la realiza un perfil muy concreto de persona consumidora, o bien es un acto puntual (a menudo casi lúdico), o bien, aunque se contabiliza dentro de un edificio denominado mercado municipal, en realidad se compra dentro del supermercado situado en ese edificio.  

Si damos un salto en el tiempo y observamos la situación actual (2021) en España, vemos que el formato hiper y supermercado es hegemónico en la compra alimentaria y supone el 76%. En el caso de la alimentación fresca, a pesar de reducirse su cuota de mercado, sigue siendo predominante (56,7%). 

A partir de entonces, de manera lenta pero imparable, los mercados han pasado a tener un papel secundario (a veces, muy secundario) y se han visto ampliamente superados por otros formatos de distribución, en especial por los supermercados. De esta manera, desde hace años, los mercados municipales experimentan una decadencia que no pueden ocultar ni las reformas que se han realizado en los edificios ni la instalación de supermercados en su interior, ni la reconversión en mercados gourmet. 

Privatización de un servicio público

Los intereses privados ocupan un espacio importantísimo en la gobernanza de los mercados municipales. De hecho, el papel del sector público parece limitarse a la titularidad del edificio y al apoyo (monetario y político) a las demandas privadas. Este nuevo modelo de gestión da un giro de 180º a la gobernanza del servicio público, entrando en la dinámica de la titularidad pública–gestión privada, es decir, en la privatización. 

El nuevo modelo de administración otorga gran parte del poder a la iniciativa privada. La excusa inicial fue que de esta manera se harían más “competitivos”. Se trataba de transferir los mercados públicos (viejos, rígidos e ineficientes) al sector privado (nuevo, flexible y eficiente) y posicionar la ciudad de Barcelona internacionalmente. Privatización y globalización, dos palabras claves del neoliberalismo. Es decir, la gobernanza y las políticas estratégicas de los mercados responden más a los intereses privados que a la función pública de ofrecer alimentos accesibles y adecuados a la población. 

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Los planes de modernización han sido diseñados e implementados a partir de tres ejes complementarios: reforma y remodelación de los edificios, diseño de proyectos para profesionalizar la gestión y acciones de marketing y promoción. 

Para la remodelación, el Ayuntamiento de Barcelona adoptó un modelo de financiación mixto donde la cantidad máxima aportada por la administración es del 50%, mientras que el resto se recauda entre los comerciantes y los ingresos por nuevas licencias. En el marco de este modelo de colaboración público–privada, algunas empresas sufragan parte de las obras con el objetivo de instalarse en los mercados renovados en forma de supermercados, restaurantes y tiendas gourmet, entre otras. 

Así mismo, con el objetivo de aprovechar la ubicación central y el valor patrimonial de los edificios de algunos mercados –Sant Antoni y Santa Caterina, en particular–, su rehabilitación se diseñó a partir de acciones de embellecimiento, de “musealización” y de arquitectura–espectáculo que los han convertido en iconos turísticos. 

Bajo la premisa de “modernizarlos y actualizarlos”, las reformas han supuesto la remodelación de los edificios, pero también la aplicación de modelos de gestión propios del sector privado con el objetivo de aumentar la rentabilidad, sin tener en cuenta ni los factores sociales y culturales relacionados con el funcionamiento y el papel histórico de los mercados ni la función pública que tienen delegada. 

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Los supermercados

Los supermercados se han convertido en una figura clave en el funcionamiento de estas infraestructuras supuestamente públicas. La entrada de un supermercado privado en un mercado municipal público acaba con la función de proveedor de servicio público que este tenía. La argumentación para incorporar el formato de la competencia dentro de los mercados ha sido la de dinamizarlos. La idea es que la gente, atraída por los supermercados, acabe de hacer las compras en las paradas de los mercados. Sin embargo, la realidad es que se produce una competencia absolutamente desigual que conduce a la derrota de los mercados. 

Uno de los supermercados con más presencia dentro de los mercados municipales (y no sólo en Barcelona) es Mercadona. Un ejemplo de la dinámica que se produce cuando un supermercado se ubica dentro de un mercado municipal es el del Mercadona del mercado de Sants, donde, a pesar de las promesas, puso a la venta productos frescos como pescado, carne y fruta. 

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Esto crea una competencia desleal con los paradistas, que no pueden asumir los precios de la gran distribución. Así, en una muestra de precios comparada entre la pescadería de Mercadona y las del mercado, se observaba que en el supermercado la sepia costaba 9,95 €, el calamar 5,95 € y el salmonete 12,95 €, mientras que, en una de las paradas del mercado, la sepia se vendía a 14,90 €, el calamar a 19,80 € y el salmonete a 14 €. 

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Las remodelaciones

Si hay una actividad estrella que se ha llevado a cabo en los mercados municipales es el proceso de remodelación. 

El proceso de gentrificación (la transformación física, económica, social y cultural de un barrio de clase popular que acaba siendo de clase media o alta) se da también en el ámbito comercial cuando determinados establecimientos comerciales se ven desplazados por otros de estatus superior. El fenómeno suele ir acompañado del desplazamiento de personas y de actividades comerciales. Esta expulsión no es un efecto colateral de la gentrificación, es su característica principal y sus consecuencias recaen especialmente en las clases populares. Un caso concreto de este riesgo de gentrificación comercial es la remodelación de los mercados municipales (no sólo en Barcelona, sino de manera recurrente en otras ciudades). 

La remodelación ha supuesto, pues, un giro copernicano de facto en el formato de distribución, compra y consumo alimentario de los barrios, y no precisamente a favor de su función como servicio público alimentario.

La tendencia de transformar algunos mercados en museos y templos gourmet aprovechando su localización, así como el valor arquitectónico de los edificios, los ha convertido tanto en nodos de atracción turística como en espacios de distinción para las clases privilegiadas. 

Muchos de los mercados necesitaban (y algunos aún la necesitan) una renovación, pero la siguiente lista con los supermercados que se han incorporado a los diferentes mercados es ilustrativa:

Mercados Supermercados
Mercado de la Barceloneta Caprabo-Eroski
Mercado del Besòs Mercadona
Mercado del Bon Pastor Lidl
Mercado de Canyelles Caprabo-Eroski
Mercado de Ciutat Meridiana Sorli Discau
Mercado del Clot Superestalvi
Mercado de la Concepció Caprabo-Eroski
Mercado de Felip II Caprabo-Eroski
Mercado del Fort Pienc Mercadona
Mercado del Guinardó Carrefour
Mercado de la Guineueta Mercadona
Mercado de Hostafrancs Opencor
Mercado de Les Corts Superestalvi
Mercado de Lesseps Caprabo-Eroski
Mercado de la Llibertat Bonpreu
Mercado de la Marina Bonpreu
Mercado del Ninot Mercadona
Mercado de Núria Consum
Mercado de Poblenou Mercadona
Mercado de Provençals Carrefour
Mercado de la Sagrada Familia Caprabo-Eroski
Mercado de Sant Antoni Lidl
Mercado de Sant Gervasi Consum
Mercado de Sant Martí Alcampo
Mercado de Sants Mercadona
Mercado de Santa Caterina Caprabo-Eroski
Mercado de Sarrià Superestalvi
Mercado de la Trinitat Consum
Mercado de Vall d’Hebron–Taxonera Lidl

Recuperar el servicio público

Si bien los tiempos cambian, la función pública de los mercados municipales sigue intacta. Seguramente, podríamos redefinirla con una redacción más actual que diga que los mercados municipales tienen que ayudar a garantizar el derecho a una alimentación adecuada. 

La privatización de los mercados municipales no es un hecho anecdótico ni específico de los mercados, ni tampoco del Ayuntamiento de Barcelona. La privatización de las empresas de servicios públicos y la provisión de los servicios básicos a través de las denominadas asociaciones público–privadas (eufemismo para no decir que, en realidad, el servicio ha pasado del sector público al privado) han constituido el dogma de la doctrina neoliberal predominante desde los años ochenta. Sin embargo, después de cuarenta años de gestión privada, el resultado es evidente y el discurso sobre la mayor eficiencia de la gestión privada es un mito. 

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Por tanto, las propuestas de actuación con respecto a los mercados municipales pasan por recuperar la función de servicio público para la que fueron creados. Los mercados municipales tendrían que ofrecer alimentación saludable, fresca, local, producida en agroecosistemas sostenibles y, sobre todo, a precios asequibles para las clases populares. 

Cumplir con esta misión resulta del todo imposible en el actual marco de gobernanza. Es necesario, pues, recuperar el control público sobre los mercados municipales. Una vez recuperado, se podrá acometer una batería de actuaciones que busquen cambiar de verdad la oferta alimentaria que provee la red de mercados municipales. 

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Más allá de los mercados municipales

Después de más de cien años de existencia, y dado el nuevo panorama en las dinámicas de compra alimentaria, los mercados municipales resultan todavía el formato adecuado. El formato hegemónico en la compra de alimentos es el autoservicio, más concretamente, el supermercado. Los mercados municipales son una especie de suma de tiendas tradicionales que comparten espacio, la dinámica de compra es similar a la de los comercios, alejada del formato autoservicio. 

Quizás sea el momento de preguntarse si, por muchas reformas y adaptaciones que se hagan en los mercados municipales, se conseguirá recuperar la importancia que tuvieron como canal de compra alimentaria principal. Dejando a un lado las reformas profundas en la gobernanza de los mercados municipales, convendría no perder de vista que quizás no es el formato más adecuado para las nuevas dinámicas de consumo del siglo XXI y que, puestos a invertir dinero y recursos públicos, los formatos de autoservicio parecen aportar grandes ventajas y oportunidades para hacer realmente efectivo el servicio público que el Ayuntamiento tiene delegado. 

¿Habría que cambiar los mercados municipales por una red de supermercados municipales? La idea de disputar el formato supermercado a la iniciativa privada no es nueva. En el ámbito de la Economía Social y Solidaria se han empezado a poner en marcha iniciativas como los supermercados cooperativos, una realidad emergente en todo el mundo. 

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De hecho, yendo todavía más allá, los supermercados públicos no serían (no tendrían que ser) la única infraestructura alimentaria pública. Es necesario repensar la red de distribución alimentaria y recuperar su control público. Igual que la privatización, de facto, de la gobernanza de los mercados municipales los incapacita para realizar su función pública, lo mismo pasa con Mercabarna (otra entidad pública de gestión privada) y su función de distribución de sistemas alimentarios social y ambientalmente diferentes a los convencionales hegemónicos. 

Repensar la distribución alimentaria incluye pensar en una red de hubs alimentarios o centros logísticos de barrio o distrito que apoyarían a los supermercados, pero también a los centros educativos, sociosanitarios, comedores sociales, así como a sus cocinas o necesidades alimentarias. Una vez desplegada esta red, los hubs municipales también servirían como plataformas de abastecimiento de las tiendas de barrio para facilitar y mejorar la oferta alimentaria basada en criterios sociales y ambientales. 

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