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‘El asalto al cuerpo’, la nueva campaña de Justicia Alimentaria

16 febrer, 2026

● Justicia Alimentaria llena las ciudades de Barcelona, Madrid, Sevilla, Zaragoza, Valencia y Bilbao con un mensaje de alerta para la población: ¿Aún crees en milagros? Lo que pierdes no es peso… es dinero y salud

● La nueva campaña de Justicia Alimentaria denuncia un nuevo escenario sin precedentes: la peligrosa relación entre el asedio al cuerpo de menores y adolescentes en redes sociales con el aumento de trastornos alimentarios (TCA) y la gordofobia

● El boom de complementos alimenticios, alimentos para personas deportistas y productos para el control de peso alcanzará los 200.000 millones de euros en beneficios en 2026 y exige una intervención pública inmediata

Primero fue Australia, luego Francia, Reino Unido y España. Vetar el acceso a redes sociales, como Facebook, Instagram, Threads, TikTok, YouTube, Snapchat, X, Reddit, Discord, y a las plataformas de streaming Twitch y Kick, a menores de 16 años ha levantado polvoreda con sus consiguientes detractores y defensores. El trasfondo es evidente: frenar la ansiedad digital especialmente en el público más desprotegido, adolescentes y menores.

Uno de los mejores ejemplos donde se puede palpar esa ansiedad digital entre menores y adolescentes se da en las redes sociales a través de un culto al cuerpo desproporcionado. Por eso, la última frontera de la industria alimentaria está en el epicentro de la nueva campaña de Justicia Alimentaria para prohibir la publicidad de productos milagros en la alimentación. La primera acción será bien visible en las calles y las estaciones de tranvía y metro de Barcelona, Madrid, Sevilla, Zaragoza, Valencia y Bilbao con un mensaje que pretende concienciar a la población: ¿Aún crees en milagros? Lo que pierdes no es peso… es dinero y salud.

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El tema es mucho más pertinente, peligroso y urgente de lo que puede parecer a simple vista, ya que hay cuantificadas alrededor de 400 000 personas con algún trastorno de la conducta alimentaria (TCA), de las que 300 000 tienen entre 12 y 24 años, siendo la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia. La tasa de mortalidad es elevadísima (un 5 %) y existe un alto porcentaje de no curación (más del 30 %), con una alta tendencia a la cronificación. Otros dos datos a destacar es que los TCA tienen una clara perspectiva de clase, raza y género (90% mujeres y 10% hombres) y aparecen cada vez a edades más tempranas: en los últimos cuatro años se ha constatado un incremento de un 15 % en menores de 12 años. Esto es, Justicia Alimentaria denuncia que existe una inquietante relación no estudiada hasta la fecha que vincula estrechamente el asedio al cuerpo de los más jóvenes en redes sociales con el aumento de trastornos alimentarios (TCA) y la gordofobia, que acarrea graves efectos sobre la salud mental de las personas afectadas. Una relación, por supuesto, que requiere más investigación, pero que ya apunta a un problema de salud pública de primer orden. En este contexto, las familias juegan un papel clave y precisamente por eso la nueva campaña de Justicia Alimentaria tiene que como objetivo disponer de información rigurosa para poder acompañar a niños y adolescentes en este marasmo alimentario y fomentar una mirada crítica frente a los mensajes comerciales.

Ante estos números apabullantes el nuevo informe de Justicia Alimentaria , que se titula EL ASALTO AL CUERPO, se divide en tres partes muy bien definidas. La primera sirve para entender la narrativa donde se inserta este abuso del cuerpo como mercancía. Principalmente porque es algo completamente nuevo que no se daba hace unos pocos años y porque no es un hecho aislado, sino que se enmarca en unas dinámicas sociales y económicas sin precedente en tiempos pasados. La segunda parte tiene que ver con algunas de las consecuencias negativas sobre la salud de este supuesto “capitalismo corporal”. Por un lado, todas las variantes de Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA) y de relaciones problemáticas con la alimentación y, por el otro, todo lo que tiene que ver con la gordofobia y en general el estigma de los cuerpos: ¿Cómo se ha vuelto aceptable que tanta gente, y en especial tanta gente joven, esté enferma? Y la tercera parte se centra en el papel esencial de la industria alimentaria como asediante del cuerpo. Es aquí donde se desgranan específicamente todos los efectos sobre una nueva manera de vivir y pensar la alimentación que nos lleva a materializar una campaña necesaria contra la mitología de las dietas milagro para alcanzar ese supuesto cuerpo sano y bonito.

Centrándonos en el cuerpo, el capitalismo siempre usa la misma metodología: primero genera el deseo de un cuerpo irreal. Lo que hace la industria alimentaria es reducir la ventana de normalidad a un espacio muy estrecho con unas características muy concretas; el cuerpo perfecto al que hay que aspirar. Y todo lo que no sea ese cuerpo será un cuerpo anormal que va a enfermar o a envejecer mal. Dicho de otra manera más llana: los cuerpos feos hay que ponerlos bonitos y a los cuerpos insanos hay que ponerlos saludables.

Ya no basta con tener una dieta sana que sigue las recomendaciones de la pirámide nutricional. Ahí surge un nuevo mercado de productos y servicios milagro vinculados a la alimentación para erradicar los cuerpos imperfectos. En este sentido, podemos destacar tres grandes grupos de alimentos “tuneados”: complementos alimenticios, alimentos para personas deportistas y productos para el control de peso. Un negocio descomunal que facturó casi 160 000 millones de euros en 2022 y se prevé que en 2026 alcance la friolera de 200 000 millones de euros. Pero, ¿qué sucede cuando la ciencia ha demostrado que el 95% de las dietas no funcionan? Porque la comida, no nos olvidemos, no lleva prospecto y el alimento no es un medicamento.

A modo de conclusión, si una dieta promete una rápida pérdida de peso, carece de recomendaciones de actividad física, promueve cambios a corto plazo en lugar de alcanzar objetivos sostenibles para toda la vida, se centra en un solo tipo de alimentos o elimina cualquier grupo de alimentos, no puede mantenerse mucho tiempo, presenta una adecuación nutricional cuestionable, no proporciona advertencias sanitarias para aquellos con enfermedades crónicas y carece de pruebas científicas que respalden sus afirmaciones, la persona consumidora habrá dado con una “dieta milagro” y el mejor consejo que Justicia Alimentaria quiere dar es que hay que huir de ella.

En las peticiones finales, Justicia Alimentaria hace hincapié en el agujero legal que demuestra que la regularización actual sobre la publicidad de productos milagro es ineficaz en algunos casos e inexistente en otros, ya que el número total de casos registrados de TCA sube sin techo aparente con el asedio adicional de gurús alimentarios en redes. Un nuevo escenario sin precedentes que tan solo se podría corregir con una firme intervención pública