El asalto al cuerpo

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El asalto al cuerpo. La última frontera de la industria alimentaria

El capitalismo ha encontrado en nuestros cuerpos un terreno propicio para el negocio. La digitalización de todos los aspectos de nuestras vidas y el protagonismo de la imagen en la era de las redes sociales han configurado un nuevo marco social: el culto al cuerpo.

Vamos a adentrarnos en las formas que adquiere, en el asedio a nuestros cuerpos que se traduce en la búsqueda del cuerpo “ideal” y la proliferación de medios para conseguirlo (sea el ejercicio, las dietas o la cirugía estética), en el negocio descomunal en torno a todo ello y en las consecuencias sobre la salud.

Un recorrido que nos lleva a la necesidad de políticas públicas que regulen el mercado, protejan la salud y garanticen nuestro derecho a una alimentación saludable.

Asedio al cuerpo, ¿qué está pasando?

Hacer deporte (correr, ir al gimnasio), seguir dietas (variopintas y milagrosas), “arreglos” físicos del cuerpo (cirugía estética) son prácticas en auge. Y aunque parezcan diferentes, tienen un objetivo común: modelar nuestros cuerpos para que sean más atractivos, juveniles y “saludables”. Todo acompañado de una variedad interminable de productos y servicios: indumentaria especial para cada deporte, inscripciones en gimnasios y eventos deportivos, productos dietéticos, suplementos alimenticios, clínicas de estética…

Este hiperconsumo en torno al cuerpo se ha abierto camino gracias a la digitalización: el teléfono móvil, con el acceso que nos da a todo en todo momento, las redes sociales y el mundo influencer.

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El mundo digital ha transformado nuestras vidas. Se ha diluido la separación entre lo público y lo privado. Exhibimos nuestra vida y la imagen adquiere un protagonismo determinante. Es terreno abonado para la explosión del culto al cuerpo.

Y es en Internet y en las redes sociales donde se difunde el físico ideal, el objetivo a conseguir, que en realidad es irreal, y por tanto, inalcanzable. Y es irreal porque la diversidad de los cuerpos es inmensa, una realidad incuestionable que choca con la construcción social de lo que es un cuerpo “normal” y lo que no (la mayoría).

Al cuerpo ideal se le asocian valores sociales. Una figura esbelta en una mujer es sinónimo de éxito, atractivo y valía. Lo mismo pasa con los cuerpos fitness en el hombre. Y a la inversa, engordar, perder el control de tu cuerpo, significa fracasar, no alcanzar las metas propuestas. De ahí que el culto al cuerpo lleve a practicar técnicas de corrección (ejercicio físico, arreglos estéticos y dietas).

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La nueva publicidad

Tanto el modelo ideal de cuerpo como las técnicas para conseguir ese cuerpo deseado nos llegan mediante una publicidad omnipresente y diferente a la que conocíamos. En el espacio digital se ha implantado un nuevo modelo publicitario mucho más persuasivo que el anterior, porque ya no tiene una sola dirección. Ya no somos meros receptores de mensajes publicitarios, ahora podemos interactuar y sentirnos parte de una comunidad (asociada a un producto, a una marca).

El principal gancho publicitario es la salud, todo hay que hacerlo por salud. Basta echar un vistazo a los miles de mensajes publicitarios vinculados con la vida saludable. Tenemos que “estar bien”, “sentirnos bien”, “vernos bien”. Y está en nuestras manos, cada persona es responsable de su cuerpo y de su salud. Así se crea una enorme presión sobre el cuerpo que induce a realizar prácticas deportivas, dietéticas y estéticas (y a consumir la infinidad de productos y servicios que llevan aparejadas).

La práctica deportiva y el culto al cuerpo

Cada vez más ciudades cuentan con maratones, medio maratones, carreras y más carreras, que baten récords de participación con decenas de miles de personas inscritas. Correr se ha puesto de moda. Una actividad a la que se asocian valores como llevar una vida saludable, pero que es, sobre todo, una práctica mercantilizada que conlleva la adquisición de una gran variedad de productos.

El mundo influencer juega un papel destacado. En las redes sociales se exhiben entrenamientos, lemas motivacionales, consejos nutricionales, recomendaciones de indumentaria, etc.

Los gimnasios también han experimentado un crecimiento exponencial, acompañado de un cambio de modelo. Hace algo más de una década, una buena parte de los gimnasios eran municipales, mientras que ahora proliferan los privados, destacando las cadenas de gimnasios de bajo coste. Un negocio floreciente en el que también han desembarcado los fondos de inversión.

Y si hablamos de negocio, cabe destacar que en 2023 las ventas del sector deportivo superaron los 9 000 millones de euros. Mientras que el gasto de los hogares en bienes y servicios deportivos se acerca ya a los 4 500 millones de euros.

Cirugía estética para «arreglar» el cuerpo

El crecimiento del sector de la cosmética y el cuidado personal es otro indicador del asedio al cuerpo. Supera los 10 400 millones de euros en facturación en el Estado. Una de sus expresiones más contundentes es el auge de la cirugía estética. En 2021, se llegó a 204 510 intervenciones en el Estado, un aumento del 215 % en tan solo ocho años.

Según la consultora de mercados Nielsen, el 40 % de la población española se ha sometido alguna vez a un tratamiento de medicina estética. La presión extra sobre el cuerpo de las mujeres se manifiesta aquí en todo su esplendor: un 85 % de las intervenciones son realizadas a mujeres.

El boom ha llegado también a las universidades: Cirugía Plástica Estética y Reparadora fue este año la segunda especialización más demandada entre los estudiantes de MIR.

Alimentación «saludable», dietas imposibles

Queremos destacar la cuestión alimentaria. Porque el culto al cuerpo ha desatado una preocupación desmesurada por la “comida saludable”. Se vive una auténtica obsesión por calcular calorías, gramos de grasa o niveles de vitaminas. Y todo esto ha hecho proliferar dietas variopintas (que incorporan, reducen o eliminan diferentes nutrientes o micronutrientes), complementos alimenticios y alimentos “tuneados”. Una amenaza para la salud y un negocio descomunal.

Ante esta preocupación por la alimentación “saludable”, conviven dos actitudes:

  • La búsqueda de la dieta ideal, basada en alimentos ideales: lácteos enriquecidos con vitaminas, productos “sin…” o con un “contenido reducido de…” o alimentos enriquecidos “con…”. Al mismo tiempo, se ignoran los alimentos que, de forma natural, aportan precisamente eso que andamos buscando
  •  Atiborrarse de suplementos nutricionales.

¿Cómo se convirtió la comida en algo tan complejo?

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En el informe (y en su resumen) contamos cómo empezó todo (allá por 1977, en Estados Unidos y vinculado con intereses corporativos). La cuestión es que se dejó de hablar de alimentos (frutas, verduras, huevos, carnes…) para hablar de nutrientes (aminoácidos, grasas, carbohidratos, vitaminas, minerales…). Había nacido el llamado nutricionismo, mediante el cual la comida se convirtió en un asunto de gran complejidad técnica, un terreno para “personas expertas”, mucho más favorable para los intereses de la industria.

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Las dietas

La invención del cuerpo ideal viene acompañada de la invención de las dietas para conseguirlo. No hablamos de las dietas tradicionales (como la dieta mediterránea) sino de las dietas en sentido medicalizado y, muy especialmente, de las dietas “milagro”. Fórmulas dietéticas para adelgazar, con intereses comerciales más o menos directos, más o menos sutiles, y planteamientos dietéticos extraños que pueden entrañar riesgos para la salud.  

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La proliferación de este tipo de dietas es indiscutible, pero ¿qué opinión tiene la ciudadanía? La Encuesta de conocimientos, actitudes y prácticas sobre dietas milagro en la población española indica que:

  • El 90 % de las personas cree que no funcionan.
  • El 82,6 % piensa que sus efectos son principalmente negativos.
  • El 73,7 % considera que las dietas milagro son un problema.
  • El 78,6 % opina que son peligrosas.

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¿Por qué se siguen entonces?  

Los estudios indican que por estética, la presión social sobre el cuerpo es determinante. También las condiciones de vida, porque seguir una dieta equilibrada, hacer ejercicio, dormir bien, etc., parece bastante incompatible con el tipo de vida que se ven obligadas a llevar algunas clases sociales. De hecho, los grupos de población de bajos ingresos siguen dietas con más frecuencia.

Otro factor es que la decisión de seguir o no una dieta, de comprar un alimento u otro, es más emocional que racional (aunque pensemos lo contrario). Claro que hay personas que dedican tiempo, esfuerzo y dinero a tratar de seguir una buena alimentación, y esas decisiones son más racionales, lentas y conscientes; pero en general la mayoría de las decisiones sobre nuestra alimentación son rápidas, inconscientes y automáticas. Está estudiado y las marcas lo conocen bien (como podemos comprobar en sus prácticas publicitarias).

De ahí que en la proliferación de este tipo de dietas juegue un papel central el mundo influencer. Hay miles de “empresas-influencer” orientadas al comercio electrónico que generan una “comunidad” alrededor del concepto de “alimentación saludable” y “sentirse bien” por medio de las dietas y el cuerpo.

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Los complementos alimenticios

Podemos encontrar desde vitaminas, minerales, omega 3, probióticos y un largo etcétera (varios centenares de productos) que, normalmente, llevan asociados reclamos sobre salud o nutrición, hasta productos dietéticos para deportistas y productos para el control del peso.

Entre los productos para personas que hacen deporte, destacamos los batidos de proteínas. En las redes sociales hay miles de influencers dedicados a muscularse y hacer recomendaciones para moldear el cuerpo. Y beben batidos de proteínas. Se ha instalado la idea de que si se hace ejercicio, hay que tomarlos; y de ahí, que para llevar una vida activa conviene tomar un extra de proteínas. Las ventas de estos productos se han disparado.

Pero hay más

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Instalada la idea de que tomar más proteína es bueno, la industria alimentaria ha inundado los supermercados de todo tipo de productos alimentarios, destinados a la población en general, con un extra de proteína. Prácticamente toda marca alimentaria tiene su línea alta en proteínas.

Pero, ¿existe un déficit de proteínas en la dieta media de la población del Estado español? La respuesta es no. De hecho, los estudios indican que estamos por encima (o muy por encima) de las recomendaciones de consumo de proteína.

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En cuanto a los productos para el control del peso nos encontramos con los sustitutos de comida para reducir la ingesta de alimentos, bien sea para sustituir la dieta completa o alguna comida.

Ejemplos serían las barritas de Bicentury, las gominolas para adelgazar de biManán o los productos “quema grasas” de infinidad de marcas. Lo llamativo es que se trata de productos ultraprocesados con unos ingredientes que no parecen precisamente muy saludables (en el informe analizamos algunos de ellos en detalle).

Los alimentos “tuneados”

Nos referimos a los conocidos como alimentos funcionales que, supuestamente, tienen efectos beneficiosos para la salud. Pueden ser productos a los que han quitado nutrientes “perjudiciales” o les han añadido nutrientes considerados beneficiosos. Casi siempre son alimentos más procesados que sus equivalentes convencionales. Y no es raro encontrar personas que toman poca fruta y vegetales en general, pero incorporan en su dieta alimentos industrializados enriquecidos con vitaminas, minerales y fibra.

Como criterio general, los alimentos “normales” tienen muchísimas más propiedades saludables que los “funcionales”. Eso sí, estos últimos son un gran negocio. En 2022, facturaron casi 160 000 millones de euros y se prevé que en 2026 alcancen los 200 000 millones de euros.

Las consecuencias del asedio al cuerpo

El precio a pagar por la obsesión del culto al cuerpo es una presión sobre nuestras vidas que afecta, precisamente, a nuestra salud. Vamos a destacar dos consecuencias graves, los Trastornos de la Conducta Alimentaria y la gordofobia, que tienen cada vez un mayor impacto en la sociedad.

Trastornos de la Conducta Alimentaria

Las conductas alimentarias son inseparables del contexto social, económico y cultural en el que tienen lugar. Y es desde ahí desde donde queremos mirar el preocupante aumento de algunos Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) como la anorexia y la bulimia.

Se calcula que en el Estado hay unas 400 000 personas con algún trastorno de la conducta alimentaria, de las que 300 000 tienen entre 12 y 24 años. Y es que aparecen en edades cada vez más tempranas: en los últimos cuatro años se ha constatado un incremento de un 15 % en menores de 12 años.

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¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Los estudios indican que hay múltiples causas. Aquí vamos a destacar dos: las redes sociales y el malestar social.

En las redes sociales abunda el contenido tóxico alrededor de la imagen corporal, la comida y el ejercicio:

  • Por un lado, hay un aluvión totalmente desregulado de contenidos y publicidad sobre alimentación, con dos vertientes: la promoción de la alimentación insana y la obsesión por los alimentos supuestamente saludables.
  •  Por otro, en las redes también se crea y se potencia el culto al cuerpo.

Se considera que el drástico incremento de los TCA está vinculado a cambios sociales, económicos y políticos en las sociedades occidentales actuales. Por tanto, al no ser solo dolencias médicas sino básicamente sociales y culturales, se están analizando desde las ciencias sociales como posibles síntomas de un malestar social. En esta dirección apuntan también los datos sobre salud mental que, según fuentes oficiales (que recogemos en el informe) muestran una preocupante tendencia al alza, con mayor prevalencia en las clases populares.

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Gordofobia

El rechazo a las personas gordas (la gordofobia) está muy presente en la sociedad, aunque no siempre nos demos cuenta. Lo habitual, cuando vemos personas gordas, es que pensemos que son perezosas, glotonas, descuidadas, que se alimentan mal, que no hacen ejercicio… La persona gorda es vista, ante todo, como alguien que no hace lo suficiente por cuidarse. Esta idea, basada en prejuicios, no tiene en cuenta la diversidad de los cuerpos ni todos los factores que inciden en que una persona esté gorda o tenga sobrepeso.

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El cuerpo gordo es percibido como fracasado, un cuerpo que habría que corregir. Y es discriminado en todos los espacios de su vida: comentarios o insultos en espacios públicos y en las redes sociales, acoso escolar, exclusión laboral, marginación en el deporte…

Incluso en el ámbito médico.

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Es habitual que cuando un persona gorda acude a una consulta con cualquier dolencia salga con una dieta para adelgazar, llegando a producirse errores o retrasos en los diagnósticos por prestar más atención al peso que a otros factores de salud.

El enfoque medicalizado de la gordura, la obesidad y el sobrepeso, asume que la grasa mata, que la obesidad es en sí patológica, y que básicamente se trata de una alteración dietética. Pero ni todas las personas gordas están enfermas ni todas comen mal.

Las actuaciones en el ámbito sanitario para alcanzar “estilos de vida saludables” se centran en tratar de modificar las conductas personales y promover el “comer bien”. Sin embargo, aunque se conocen los condicionantes (económicos, sociales, laborales o de falta de tiempo) que dificultan el acceso a una alimentación saludable, los programas de prevención de la obesidad apenas han planteado cambios de ámbito socioeconómico. Por ejemplo, apenas hay medidas que regulen a la industria alimentaria, que nos inunda de productos insanos, ni que eviten la promoción de alimentos insanos.

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Qué pide Justicia Alimentaria

El nuevo orden neoliberal defiende a ultranza el mercado y el individualismo. Así, el cuidado del cuerpo, la salud y la alimentación, recaen ante todo en cada persona que, supuestamente, tiene suficiente información y libertad de elección.

Pero en la vida real, tanto la información como la capacidad de elección están ultra influenciadas por los intereses de la gran industria. Nos enfrentamos a un mercado desregulado y a una oferta interminable de productos y servicios, promovidos por una publicidad omnipresente y altamente persuasiva.

Frente a esto, hacen falta políticas públicas que regulen de forma eficaz a la industria alimentaria, protejan nuestra salud y garanticen el acceso a una alimentación saludable. En concreto, políticas que:

  1. Eviten la publicidad de alimentos insanos, especialmente la dirigida a la población infantil y juvenil.
  2. Ordenen y regulen todo lo relativo a las dietas (y sus productos asociados), su existencia, su publicidad y sus prácticas.

Información adicional

Tipos de dietas más habituales

  • Restricción de alimentos y disminución de calorías: además de indicar los pocos alimentos “permitidos”, son restrictivas calóricamente (600-800 Kcal). Normalmente son monótonas, inseguras, difíciles de seguir y con efecto rebote cuando se deja la dieta.
  • Disociadas: no se permite el consumo de ciertos alimentos juntos. No están basadas en ningún estudio científico y se alejan de lo que es conocido como “dieta saludable”.
  • Por horas: los alimentos se deben consumir en ciertos momentos del día. No hay suficientes estudios que lo avalen y pueden alejar de una alimentación equilibrada.
  • Cetogénicas: se elimina el consumo de hidratos de carbono y se potencia el de proteínas. El organismo comienza a quemar grasa por una ruta metabólica en la que se produce gran cantidad de cuerpos cetónicos que pueden originar falta de apetito, cetosis en sangre, mal aliento o riesgo de problemas cardiovasculares.
  • Un único alimento: Aparte de las dificultades para llevarlas a cabo, pueden ser peligrosas por la falta de nutrientes.

La lista de nombres es infinita, estas son algunas de las más conocidas y seguidas:

  • Disociadas:

    • Dieta de Hay o Disociada

    • Régimen de Shelton

    • Dieta Hollywood

    • Dieta de Montignac

    • Antidieta

  • Hipocalóricas desequilibradas:
    • Dieta “Toma la mitad”

    • Dieta Gourmet

    • Dieta Dunkan

    • Dieta Cero

  • Excluyentes:  Sin lípidos ni proteínas, como la dieta Dr. Prittikin o la del Dr. Haa. Sin hidratos de carbono, como la dieta de Scardale, la de los Astronautas, la de Hollywood, la de Atkins, la de Lutz o la de la Proteína Liquid.

Efectos negativos de las dietas

  • Efecto rebote. Una vez finalizada una dieta muy baja en calorías, es habitual recuperar el peso perdido, incluso es frecuente que se llegue a superar el peso original. Según la Asociación Española de Dietistas Nutricionistas (AEDN), el 69 % de las pacientes que realizan este tipo de dietas acaba recuperando su peso.
  • Problemas de salud. Suelen ser dietas deficitarias en vitaminas y micronutrientes, por lo que pueden provocar, sobre todo a largo plazo, problemas graves para la salud. La Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética advierte que “las dietas milagro podrían aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes, varios tipos de cáncer, fallo renal y hepático, así como osteoporosis”. Según la AEDN, siete de cada 10 pacientes abandonan las dietas milagro por los efectos secundarios que les producen.
  • Déficit de rendimiento intelectual y físico. Según los expertos de la AEDN, este es uno de los efectos adversos que provocan este tipo de dietas, que pueden dar lugar también a problemas psicológicos como depresión, ansiedad o irritabilidad, además de causar debilidad en las uñas o pérdida de cabello.
  • No son personalizadas. Proponen una misma dieta para todas las personas, que evidentemente tienen historiales médicos y de salud muy diferentes.

La Asociación Americana del Corazón ha analizado las principales dietas que se siguen hoy en día. Entre las que obtienen mejores puntuaciones están la dieta nórdica, la mediterránea o la vegetariana; y entre las peor puntuadas, la baja en carbohidratos, la paleolítica, la Atkins o la keto. En sus conclusiones dice que estas dietas peor puntuadas son patrones dietéticos “muy preocupantes, incluso con un seguimiento óptimo, ya que promueven la restricción de grupos de alimentos considerados esenciales para una dieta cardiosaludable (legumbres, cereales integrales) y permiten fuentes ricas en grasas saturadas que se desaconsejan enérgicamente”.

Si te encuentras con una dieta que:

  • Promete una rápida pérdida de peso.
  • Carece de recomendaciones de actividad física.
  • Promueve cambios a corto plazo en lugar de alcanzar objetivos sostenibles.
  • Se centra en un tipo de alimentos o elimina cualquier grupo de alimentos.
  • No puede mantenerse mucho tiempo.
  • Presenta una adecuación nutricional cuestionable.
  • No proporciona advertencias sanitarias para personas con enfermedades crónicas.
  • Carece de pruebas científicas que respalden sus afirmaciones.

Has dado con una “dieta milagro” y el mejor consejo que se puede dar es: huye de ella.

Propuestas de los colectivos que trabajan contra la gordofobia

  • Dejar de alimentar la cultura de la dieta.
  • Hablar de salud integral.
  • Hablar de alimentación en un sentido amplio.
  • Señalar las burlas y el bullying.
  • Apostar por el deporte inclusivo.
  • Dejar de comentar los cuerpos ajenos.
  • Abandonar la idea de que sabemos todo de alguien solo con mirarlo.
  • Visibilizar la diversidad corporal.
  • Trabajar por la inclusión social y laboral de las personas gordas.
  • Dar voz al activismo que lucha contra la gordofobia.

El caso del Ozempic

Es un medicamento para la diabetes tipo 2 que se está usando de forma indiscriminada contra la obesidad. Simplemente porque entre sus efectos secundarios (náuseas, vómitos y diarrea, pancreatitis aguda, necrosis intestinal o riesgo de ceguera repentina) se encuentra el adelgazamiento.

La farmacéutica danesa que lo produce, Novo Nordisk, utiliza la obesidad como gancho publicitario con mensajes como “La obesidad es una enfermedad” y “La obesidad puede matar”. Una campaña que juega peligrosamente con la estigmatización y la medicalización extrema de la obesidad y utiliza todos los tópicos que alimentan la gordofobia.

Eso sí, es el segundo fármaco más vendido y en 2024 facturó 16 030 millones de euros.

Si te interesa este tema, en el informe lo explicamos en detalle.

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