Promovemos desde la cooperación un modelo de desarrollo rural justo en favor de la soberanía alimentaria, como propuesta que dignifique la vida campesina y garantice la sostenibilidad ambiental, social y cultural del derecho a la alimentación para toda la población mundial.

Nos dirigimos con nuestras acciones a las comunidades campesinas organizadas que tengan la soberanía alimentaria como modelo de desarrollo.

Nuestros objetivos son:

  1. Favorecer una estrategia productiva agroecológica, que abarque la producción, transformación, distribución, comercialización y el consumo  de los alimentos, manteniendo todo el proceso en manos campesinas.
  2. Apoyar a las organizaciones campesinas en sus procesos de estructuración y alianza para el desarrollo de la soberanía alimentaria.
  3. Reclamar y apoyar el acceso de las comunidades campesinas a los recursos de producción (agua, tierra y biodiversidad), defendiendo las políticas agrarias, pesqueras y forestales que apoyen a la agricultura  familiar y comunitaria.
  4. Evidenciar y valorar el trabajo de las mujeres campesinas en los distintos ámbitos (familiar, social y agrario) trabajando en favor de la  eliminación de los mecanismos que perpetúan las situaciones de desigualdad entre hombres y mujeres, de forma que se elimine cualquier tipo de opresión y discriminación contra la mujer.
  5. Generar conciencia crítica y activismo en favor de la soberanía alimentaría como proceso global, mediante la educación para el desarrollo en ámbitos formales y no formales, la investigación, la comunicación, la sensibilización, la incidencia política, la movilización social y la formación, dirigidas a diferentes colectivos sociales.

La pandemia global ha evidenciado un hecho que ya existía: la fragilidad de un sistema alimentario que no protege a las personas que alimentan al mundo, y que antes de la crisis ya tenían serias dificultades para alimentarse a sí mismas y a sus familias. Las medidas de confinamiento han impactado en el derecho a la alimentación de campesinas y campesinos sin tierra, productores de alimentos a pequeña escala, pueblos indígenas, trabajadoras y trabajadores migrantes y las personas más pobres de las zonas urbanas, afectando además de una manera más dura a las mujeres.

Por eso, desde Justicia Alimentaria seguimos trabajando con el reto de reforzar la soberanía alimentaria y la resiliencia climática en nuestros proyectos de cooperación internacional. Porque la soberanía alimentaria garantiza el derecho a la alimentación y la sostenibilidad del planeta.

Con este objetivo, hemos seguido tejiendo durante todo este tiempo una amplia red de alimentos de producción agroecológica, con transformación y distribución local, y que aseguran una alimentación sana a toda la población. Es más urgente que nunca poner sobre la mesa las vulnerabilidades más importantes del sistema alimentario dominante, generar debate y conocimiento sobre ellas y apoyar de una manera decidida los sistemas alimentarios locales, territorializados y basados en mercados internos, más resilientes y claves para conseguir la seguridad alimentaria de la población y luchar contra el cambio climático. Algunos ejemplos:

  • En Haití hemos seguido trabajando en la red de distribución de semillas, esencial para asegurar la producción de alimentos locales en el país, que además siente las bases de una agricultura resiliente a favor del campesinado haitiano.
  • En Bolivia, las comunidades indígenas bolivianas no sólo producen colectivamente: transforman, comercializan y consumen y reparten los beneficios entre toda la comunidad. Toda una experiencia de sistema de alimentación resiliente que tratamos de reforzar y expandir.
  • En Cuba apoyamos el movimiento de Agricultura Urbana que garantiza el suministro prioritariamente a escuelas, hospitales, centros de maternidad, etc.
  • En Senegal trabajamos para fortalecer los mercados territoriales, que aseguren una alimentación sana a toda la población. Estos mercados contribuyen de manera más directa a la economía local, ya que el campesinado se queda con la mayor parte del precio del producto. Además, sirven como plataforma central de intercambios sociales y culturales y garantizan un producto fresco y de calidad entre la población, lo que contribuye a la seguridad y soberanía alimentaria de los territorios.

Proyectos de cooperación en marcha:

  • Apoyo a Defensoras y Defensores. Las defensoras y defensores de la tierra están en la primera línea de defensa contra el cambio climático debido al abuso de la acción extractiva; por ello se han visto bajo amenazas, hostigamiento, acoso judicial, agresiones, ultrajes e incluso asesinato.  Justicia Alimentaria, junto a ESF Catalunya y socias de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala, lanzamos una campaña para crear conciencia colectiva, apoyar y proteger a las personas que alzan la voz para preservar la vida y los bienes naturales en sus territorios.
  • Construyendo juntas. Mujeres en Movimiento. Las mujeres son las principales productoras de alimentos en los países del Sur. Sin embargo, sufren una fuerte discriminación y su papel no es reconocido. El cambio del sistema agroalimentario no puede entenderse sin igualdad. El apoyo a las mujeres, a sus actividades productivas y al fortalecimiento de sus organizaciones es un eje central de nuestro trabajo. Desde Justicia Alimentaria, trabajamos con este reto en Guatemala, República Dominicana, Cuba, Honduras, Haití y Bolivia.
  • Sistemas alimentarios sostenibles. Frente al modelo de producción y distribución agroindustrial, promovemos sistemas de producción local diversificados y extensivos, con circuitos cortos de comercialización, que generan riqueza en las economías locales, respetan el medio ambiente y aseguran al campesinado precios justos que les permitan vivir de su trabajo. Lo hacemos en Bolivia, República Dominicana, Honduras, Cuba,  Guatemala, Haití, Senegal y República Democrática del Congo.

Los proyectos que contemplan una faceta de producción, transformación o comercialización de alimentos son  considerados como prioritarios.

Asimismo, nuestra actividad de sensibilización, educación e incidencia se dirige a toda la población, niñas y niños, jóvenes, consumidores y consumidoras y público en general, como objeto de nuestros, entendiendo que todas las  personas pueden ser agentes de cambio en su entorno.

Somos una organización dinámica que apuesta por la mejora de la calidad de nuestras intervenciones, a través de la formación y la participación de nuestro voluntariado en nuestras acciones de sensibilización, educación y cooperación. Esto nos capacita para afrontar los enormes retos que tenemos por delante los próximos años.

Justicia Alimentaria apuesta por un modelo de cooperación que no genere dependencias, y que satisfaga las necesidades de la actual generación sin sacrificarla capacidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades.

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