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Un nuevo estudio alerta sobre el estrecho vínculo entre carne procesada y más riesgo de cáncer

16 enero, 2026

  • Los nuevos datos de consumo de carne procesada entre 2009 y 2023 exigen la reevaluación de las regulaciones que rigen el uso de estos aditivos en la industria cárnica para mejorar la protección del consumidor

  • Si en el Estado español se comiera la cantidad de carne recomendada, cada año se podrían evitar 17.500 casos de cáncer colorrectal y 8.200 defunciones por esa misma enfermedad. Así lo certifican los datos de CARNE DE CAÑÓN de Justicia Alimentaria, nuestra campaña contra el exceso de consumo de carne y sus efectos sobre la salud

Los datos no dejan lugar a dudas: comemos no mucha, sino muchísima carne. Y, especialmente, comemos una barbaridad de la carne más insana: la roja y la procesada. Comemos seis veces más carne de la recomendación máxima, y eso es mucho; pero, además, comemos diez veces más carne roja de la recomendada y ocho veces más de la procesada. ¿Y qué hay de la población infantil española? Come entre 3,5 y 4 veces más carne que el máximo recomendado; 3,5 veces más carne roja y entre el doble y el triple de procesada.

Una reciente investigación científica muy rigurosa, publicada en enero de 2026 en British Medical Journal (BMJ), logra por fin fijar la asociación entre la ingesta de conservantes aditivos alimentarios y la incidencia de cáncer con una gran muestra de personas en Francia.

Entrando en los números, el estudio se basa en 105 260 participantes sin cáncer que completaron dietas con diferentes carnes procesadas desde 2009 hasta 2023 con 17 tipos de conservantes distintos Aunque algunos de estos conservantes no estaban asociados con la incidencia de cáncer, otros sí lo estaban, incluidos el sorbato de potasio, el metabisulfito de potasio, el nitrito de sodio, el nitrato de potasio y el ácido acético. Y los resultados así lo certifican: 4226 participantes recibieron un diagnóstico de cáncer incidente, que comprendía 1208 cánceres de mama, 508 de próstata, 352 colorrectales y 2158 otros cánceres. Y los importantes es que una mayor ingesta de varios conservantes se asoció con una mayor incidencia de cáncer. Como conclusión, se observaron múltiples asociaciones positivas entre la ingesta de conservantes ampliamente utilizados en alimentos industriales y una mayor incidencia de cáncer (en general, de mama y de próstata). De confirmarse, estos nuevos datos exigen la reevaluación de las regulaciones que rigen el uso de estos aditivos en la industria alimentaria para mejorar la protección del consumidor. Mientras tanto, los hallazgos respaldan las recomendaciones de la OMS de 2015, que catalogaban la carne roja como Tipo 1 por riesgo de cáncer, para que los consumidores prefieran los alimentos recién hechos y mínimamente procesados.

Con la campaña «Carne de cañón», dese Justicia Alimentaria llevamos años alertando de la insostenibilidad del sector, visibilizar el consumo excesivo de carne —sobre todo la carne low cost y derivados— y denunciar sus enormes efectos en la salud.

Si en el Estado español se comiera la cantidad de carne recomendada:

  • habría 270.000 personas menos con dolencias cardiovasculares
  • 1,8 millones de personas menos con diabetes
  • cada año se podrían evitar 17.500 casos de cáncer colorrectal y 8.200 defunciones por esa misma enfermedad

Los gastos en salud pública relacionados con las enfermedades derivadas del exceso de consumo de carne ascienden a los 7.400 millones de euros (costes directos e indirectos). Esto supone un gasto por persona de 157 euros/año, lo que equivale al 13 % del total del gasto sanitario público por habitante.

Seguro que, hasta ahora, nunca te habías planteado que un embutido, el beicon o una carne enlatada a nivel de recomendación de salud, es prácticamente lo mismo que un Bollycao, ¿verdad? Los componentes críticos de la carne y derivados cuyo consumo excesivo nos enferma son básicamente de tres tipos: grasas insalubres, sal y productos cancerígenos como los nitritos y nitratos.

Los tres componentes se presentan en mayor cantidad en las carnes rojas y procesadas. De hecho, la carne procesada podría llamarse, con mayor exactitud, nitrocarne; y nos lo pensaríamos dos veces antes de consumirla a destajo.

El negocio de la carne, altamente rentable para la industria cárnica, nos sale realmente caro al resto de la sociedad.

El poder del lobby cárnico es brutal. No pretendemos criticar a la carne per se, sino a este tipo de producción y consumo. La ganadería ocupa un lugar claro y demostrado en los agroecosistemas. Cumple una función de simbiosis con el sistema agrario y, si se hace bien, permite cerrar y completar los circuitos energéticos y de materiales de estos sistemas, además de ser una buena fuente de alimentación sana y equilibrada. Pero de la misma manera, debe quedar claro que lo que tenemos incrustado en nuestros suelos agrarios, en los supermercados y en nuestro plato no tiene nada que ver con eso: el modelo industrial globalizado y el consumo actual han desbordado todo límite ecológico y saludable. Por eso, reclamamos políticas públicas que acaben con este espolio de la salud de las personas y del territorio por el beneficio a corto plazo de unas pocas empresas. Actualmente, no hay contrapoder a esta industria que destruye nuestra tierra y, sobre todo, la salud de las personas con menos renta.

Estas son las 12 peticiones desde Justicia Alimentaria para dejar de ser carne de cañón:

RELACIONADAS CON EL CONSUMO

  1. Aprobación de un impuesto sobre el precio de los productos cárnicos procesados, orientado a la reducción de su consumo y a la interiorización de los costes que genera al sistema público de salud.
  2. Prohibición del uso de nitritos por parte de la industria cárnica, dada su demostrada participación en la generación de sustancias cancerígenas.
  3. Prohibición del uso colectivo de antibióticos en la producción animal con finalidades profilácticas, excepto en los casos autorizados por la Administración pública y debidamente justificados.
  4. Aplicación del IVA 0 a productos frescos vegetales y legumbres con el objetivo de mejorar su acceso a toda la población.
  5. Eliminación de las carnes procesadas y reducción de las carnes rojas en los menús escolares, según las propias recomendaciones de la OMS, así como su control efectivo por parte de las agencias de salud pública. Del mismo modo, proponemos que la compra pública de alimentos priorice la carne procedente de modelos ganaderos sostenibles y vinculados al territorio.
  6. Prohibición de la publicidad de carnes procesadas con perfiles nutricionales insanos dirigida al público infantil.
  7. Regulación estricta y transparente del conflicto de interés entre la industria alimentaria y las entidades científicas vinculadas a la salud y/o nutrición.
  8. Puesta en marcha, por parte de la Administración pública, de campañas activas que informen a la población sobre los riesgos del consumo de carnes procesadas y del exceso de consumo de carnes rojas.

RELACIONADAS CON LA PRODUCCIÓN Y EL MEDIO AMBIENTE

  1. Prohibición del establecimiento de «megagranjas» y reducción de los tamaños de las granjas existentes para que sean realmente efectivas a nivel medioambiental. La necesidad de granjas sostenibles requiere limitar adecuadamente el número de cabezas de ganado por granja y por territorio.
  2. Eliminación de los subsidios dirigidos a la producción cárnica no sostenible y creación de ayudas para la promoción de modelos de ganadería en extensivo y de pequeña escala, así como un plan de financiación para su transición ecológica.
  3. Creación de una fiscalidad dirigida a gravar el impacto ambiental causado por la generación de purines y las emisiones difusas de metano generadas en instalaciones ganaderas intensivas.
  4. Inversión en infraestructuras y sistemas de distribución orientados al apoyo de modelos sostenibles de ganadería.